La soledad del inmigrante
- Yair Laus

- 23 feb 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 13 abr 2025
La soledad del inmigrante es una presencia silenciosa. No es solo la ausencia de rostros familiares, sino la sensación de habitar un espacio donde la identidad parece disolverse. Se está, pero no del todo. Se es parte de algo, pero a la vez, no se pertenece. Se observa el mundo como si se mirara a través de un vidrio, con la certeza de que hay algo que separa.

El inmigrante no solo cambia de país, cambia de lenguaje, de costumbres, de referencias. Y en ese proceso, descubre que la soledad no es únicamente externa. Es un reflejo interno de esa transición, de la distancia entre lo que se era y lo que aún no se ha terminado de ser. Es un intervalo, un punto intermedio donde todo parece estar suspendido.
No es la falta de personas lo que genera aislamiento, sino la dificultad de encontrarse en la mirada del otro. Porque en la nueva tierra, nadie conoce la historia anterior, los gestos que eran naturales en el idioma propio se vuelven torpes, los silencios pesan más. Uno se vuelve extranjero incluso de sí mismo.
¿Cómo se vive la soledad en este tránsito? ¿Desde qué conversación interna se experimenta la sensación de no pertenecer? ¿Es la soledad un reflejo de la falta de conexiones externas o de un estado interno que aún no ha encontrado su lugar?
Hay quienes intentan huir de esa sensación llenando sus días de ruido y movimiento. Salen, hablan, se sumergen en la rutina del trabajo y las obligaciones, como si mantenerse ocupado pudiera desvanecer la sensación de extrañeza. Otros, en cambio, se repliegan, aceptando la soledad como un destino inevitable, como si el hecho de haber cruzado una frontera significara también haber cerrado las puertas de la cercanía con los demás.
Desde el coaching ontológico, podemos observar la soledad no solo como una circunstancia, sino como un espacio de posibilidad. La manera en que hablamos de nuestra soledad moldea la forma en que la vivimos. Decir "nadie me conoce aquí" puede sentirse como una pérdida, pero decir "tengo la oportunidad de conocerme en un nuevo contexto" puede abrir una puerta.
¿Qué historia nos estamos contando sobre nuestra soledad? ¿Nos vemos a nosotros mismos como víctimas de la distancia o como protagonistas de una nueva etapa?
Quizás el error sea pensar que la conexión con los demás sucede de inmediato, que basta con hablar con alguien para sentir que la distancia desaparece. Quizás la clave no esté en rodearse de muchas personas, sino en encontrar una sola con la que el silencio no pese tanto. Alguien que escuche, que comparta una mirada que no exija explicaciones. Alguien que no traduzca, sino que entienda.
Pero antes de encontrar a esa persona, primero es necesario encontrarse con uno mismo. ¿Cómo es nuestra propia relación con la soledad? ¿Cómo la habitamos? ¿La resistimos o la exploramos? Desde el coaching ontológico, podemos aprender a observar la soledad desde un lugar diferente, sin verla como un obstáculo, sino como un umbral hacia una nueva construcción de identidad.
No se trata solo de hablar un idioma nuevo, sino de aprender a habitarlo. Encontrar un lugar donde la propia voz no suene extraña. Descubrir que, a pesar del acento, de las pausas, de la inseguridad de las palabras, hay quienes pueden escucharlas sin prisa.
La soledad del inmigrante es real. No es algo que se soluciona con estrategias o consejos rápidos. Pero tampoco es un destino final. Es un espacio de transición donde, poco a poco, se empieza a construir un nuevo sentido de pertenencia. No de inmediato, no de golpe, pero sí con la certeza de que, en algún momento, alguien llamará nuestro nombre en esta nueva tierra, y al girarnos, sabremos que ya no estamos solos.
Y cuando ese momento llegue, ¿quién habremos sido en ese camino? ¿Cómo habrá cambiado nuestra manera de percibirnos a nosotros mismos? ¿Habremos aprendido a convivir con nuestra propia compañía antes de buscar la de los demás? Quizás, más que escapar de la soledad, el verdadero aprendizaje sea mirarla de frente y preguntarnos: ¿qué tiene para enseñarme?



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