El hogar como pregunta
- Yair Laus

- 23 abr 2025
- 2 Min. de lectura
A veces, lo más difícil no es llegar a otro país. Es sentir que uno no termina de llegar a ningún lugar.

En el proceso migratorio, el concepto de hogar empieza a tambalear. Lo que antes era claro —una casa, un barrio, una mesa, ciertas voces— ahora se vuelve algo más difuso. Más frágil. Más interior. Y, muchas veces, más incierto.
¿Dónde empieza el hogar cuando todo afuera es nuevo? ¿En qué momento un lugar desconocido deja de sentirse prestado?
Quizás el hogar no es un punto fijo, sino una pregunta que nos acompaña. Una conversación que vamos teniendo con lo que nos rodea. A veces aparece en una taza de té, en una rutina que se repite, en una palabra que al fin se dice sin dudar. Otras veces se esconde, se escapa, se hace esperar.
Desde la mirada del coaching ontológico, no se trata de forzar una sensación de pertenencia, ni de fingir comodidad. Se trata de observar cómo nos estamos contando esta transición. Qué narrativas sostenemos sobre lo que significa "estar en casa". Y qué emociones están pidiendo ser escuchadas cuando sentimos que no pertenecemos del todo.
El hogar también es corporal: está en cómo respiramos en un lugar, en cómo caminamos por la calle, en cómo el cuerpo deja de estar en estado de alerta. A veces, no es que no tenemos hogar. Es que aún no logramos habitar este con presencia. Con permiso. Con ternura.
Tal vez el hogar no siempre es un lugar. Tal vez es el modo en que empezamos a estar en nosotros mismos, incluso cuando lo de afuera sigue siendo ajeno.
Y si eso es así, ¿qué cosas, qué gestos, qué vínculos, qué palabras nos ayudan a construir ese hogar interior? ¿Y qué parte de nosotros necesita ser reconocida para empezar a sentirse en casa?



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