top of page
Buscar

Un viaje de identidad y transformación.

Actualizado: 13 abr 2025

Emigrar no es solo cruzar una frontera. Es comenzar a habitarse de otro modo.


A veces se siente como si algo en uno se desdibujara al llegar. Lo que antes era automático —cómo saludar, cómo pedir un café, cómo hacer un chiste— ahora requiere atención, traducción, esfuerzo. Y en medio de esa atención, aparece una nueva conciencia de sí: una que no siempre es cómoda.


La identidad, en este tránsito, ya no está afirmada por los vínculos de siempre ni por los paisajes conocidos. Cambia el idioma, cambia el clima, cambian los referentes. Y lo que queda, en muchos casos, es una versión nuestra en proceso de reconfiguración.


Desde el coaching ontológico, no se trata de resolver quiénes somos, sino de observar con honestidad cómo nos estamos contando esa historia. ¿Nos narramos desde la pérdida, desde lo que ya no está, desde el esfuerzo constante? ¿O nos damos el permiso de mirar también lo que está emergiendo, lo que no conocíamos de nosotros hasta ahora?


A veces, las palabras con las que nombramos la experiencia migratoria vienen cargadas de peso. “Difícil”, “duro”, “agotador”. Y claro que puede serlo. Pero también es cierto que el lenguaje que usamos no solo refleja lo que vivimos: lo moldea.


Hablar de lo que cuesta no es lo mismo que hablar desde lo que cuesta. Habitar esta diferencia puede abrir otras posibilidades. No se trata de negar la nostalgia, ni de forzar la gratitud. Se trata de preguntarnos qué lugar le damos a cada una.


¿Y si la nostalgia no fuera un obstáculo, sino una prueba de lo que nos importa? ¿Y si en lugar de buscar certezas, pudiéramos empezar por aceptar que hay preguntas que llevan tiempo?


¿Quién soy cuando no soy del todo entendido?¿Dónde queda mi historia cuando ya no tiene eco en la memoria colectiva de este lugar?¿Y cuánto de lo que fui me acompaña, incluso cuando no sé cómo nombrarlo?


Migrar es, quizás, moverse entre lenguajes, entre roles, entre formas de estar en el mundo. No siempre hay un punto de llegada claro. Pero tal vez, en el mismo gesto de sostenernos en el movimiento, ya estamos construyendo algo.


Algo que no siempre se ve desde afuera. Algo que todavía no tiene nombre.Pero que, poco a poco, también puede ser hogar.

 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page