Día Internacional de la Mujer: una reflexión sobre su rol en el trabajo social
- Yair Laus

- 9 mar 2025
- 2 Min. de lectura
Esta mañana, mientras desayunaba tranquilo con mi pareja, surgió una conversación interesante sobre las experiencias y desafíos específicos que viven las mujeres en el trabajo social, sobre todo en contextos como el que coordino actualmente: una comunidad residencial para hombres adultos con problemas de salud mental de largo plazo.
En mi rol como líder del equipo y coordinador operativo diario, tengo la responsabilidad de gestionar las operaciones cotidianas, apoyar al equipo para que brinde una atención consistente y motivar mejoras continuas en el servicio que ofrecemos. Desde esta posición, he podido reconocer profundamente las fortalezas particulares que mis compañeras mujeres aportan a nuestro trabajo, así como también darme cuenta del esfuerzo emocional invisible que habitualmente recae sobre ellas.
Acompañar a las personas en su camino hacia la estabilidad y la independencia es algo profundamente gratificante, pero también es muy complejo. Requiere una gran resiliencia emocional, saber poner límites claros, capacidad constante de resolver problemas y una sensibilidad muy especial. En contextos residenciales masculinos, he notado un patrón sutil pero persistente: muchos residentes encuentran difícil establecer relaciones profundas y abiertas con trabajadores varones. Esto suele deberse a experiencias pasadas traumáticas, vínculos negativos con figuras de autoridad masculina, o simplemente a una sensación de competencia o vulnerabilidad.
La consecuencia directa de esto es que, aunque los trabajadores varones estén disponibles y dispuestos a ayudar, muchos residentes se sienten más seguros y cómodos compartiendo emociones y vulnerabilidades con trabajadoras mujeres. Por otro lado, es común ver como esta dinámica puede llevar a algunos residentes a desarrollar sentimientos más profundos o personales hacia nuestras compañeras, expresados en forma de gestos o comentarios afectivos, e incluso, en ocasiones, traspasando ciertos límites. Estas situaciones, a menudo difíciles de abordar o incómodas, añaden otra capa más a la carga emocional invisible que frecuentemente asumen las mujeres en estos espacios, haciendo aún más compleja la tarea de mantener límites profesionales saludables.
Reconocer y reflexionar sobre estas situaciones es crucial, no solo hoy sino siempre, si queremos avanzar hacia entornos laborales más justos, empáticos y conscientes de estas dinámicas ocultas que afectan especialmente a las trabajadoras.



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